Esconder las compras, gastar más dinero del que se tiene, comprar en respuesta a sentimientos negativos, sentir una ráfaga de euforia o de ansiedad al comprar son síntomas de alerta ante una posible adicción a las compras.
17 de diciembre 2007, Palma de Mallorca ? La sociedad de consumo nos proporciona una oferta de productos cada vez más sofisticada y nos impulsa a la continua renovación. Nadie quiere perderse la oportunidad de experimentar lo nuevo, lo más actual y excitante, la publicidad se encarga de convencernos de que ello es sinónimo de calidad y bienestar. Se estima que el 33% de la población en nuestro país compra de forma irreflexiva, y el 3% de la misma lo hace de forma compulsiva. En Estados Unidos esta patología ya afecta a 15 millones de personas. ?Antes los productos estaban hechos para durar?, hoy en día la tendencia se ha invertido. Ello no necesariamente implica una mejora en nuestra calidad de vida, sin embargo a menudo se convierte en una necesidad, a veces descontrolada. En estos casos ?nuestras expectativas se centran más en el placer inmediato que nos proporciona consumir que en entender cuáles son nuestras verdaderas necesidades. Nos encontramos ante personas que acusan carencias, necesidades, que lejos de ser materiales más bien son afectivas?, según palabras del Dr. José Ángel Buelga Álvarez, psicólogo de la Clínica Capistrano, centro especializado en adicciones de Palma de Mallorca. Posiblemente éste es el decorado perfecto para la adicción, la creación de un paraíso artificial al que podemos acceder fácilmente, tan solo con algo de dinero en el bolsillo. En época navideña la adicción a las compras encuentra un medio perfecto, los estímulos son innumerables y las posibilidades de que éstos nos deslumbren son importantes; desde ropa que nunca utilizamos a una lista inagotable de regalos. Como en cualquier otra adicción, tras la euforia inicial también aparece el sentimiento de culpa y el síndrome de abstinencia, los dos extremos que caracterizan los procesos adictivos, según fuentes de la propia Clínica Capistrano. Una buena terapia implica planificar lo que se quiere comprar, volver a darle al dinero el valor que realmente tiene y analizar las consecuencias del derroche. Y, lo más importante, empezar a identificar cuál es el detonante que nos impulsa a comprar para poder así atender al problema y solucionarlo.